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Las Incondicionales

lunes, 27 de septiembre de 2010

Capitulo 22 Intentarlo

Ok, rapidito, lo prometido es deuda, ultimo capi, el miercoles subo el epilogo. hace mas de una hora debi haberme ido a trabajar :S
Las quiero



Capitulo 22 Intentarlo

Siguio corriendo tras el, entre la muchedumbre que se habia formado buscando la manera de hablar con el. Pero cuando llegó a la puerta principal, había ya una nube de fotógrafos, periodistas y cámaras de televisión, haciendo que su “TE AMO” quedara atascado en su garganta

Sin duda, a los periodistas, les habría llegado la voz de que la policía estaba a punto de resolver un caso importante; ya tenían las cámaras en marcha y los micrófonos en la mano. Se detuvo antes de entrar en el radio de acción de las cámaras y vio que Edward se soltaba de uno de los agentes de seguridad. Se alisó la camisa. Se pasó una mano por el cabello, perfectamente esculpido, y en sus labios destelló una sonrisa que Bella reconoció, una sonrisa que hacía que su corazón se detuviese y se le helase la sangre.

Era su vieja sonrisa de Romeo. Ella se dijo que aquella sonrisa aparecería en tiempo récord en todas las portadas de las revistas sensacionalistas de los supermercados. Donde probablemente haría la fila para pagar y se quedaría mirando aquellos labios que alguna vez tuvo en su poder.

—Todo está controlado —dijo el, con la voz uniforme como una pista de hielo sin estrenar, tan calmado que a Bella le sorprendió no verlo alterado, como si nada hubiese pasado. Miró a su alrededor. Pese a la multitud, la lluvia y el haber escapado de las garras de un asesino hacía pocos minutos, era evidente que no había perdido ni un ápice de su aplomo—. Gracias al diligente trabajo del FBI y la policía local, todo se ha solucionado. Nunca podré agradecérselo como merecen. Y, por ahora, no puedo hacer ningún otro comentario.

Una limusina negra aparcó ante la casa y sus agentes de seguridad lo escoltaron hasta ella.

Le abrieron la puerta trasera pero, antes de montar, Edward se volteo y miró a su alrededor.

¿Buscaba a Bella? ¿acaso la buscaba a ella?

Bella estaba de puntillas detrás del ejército de periodistas y cámaras y policías que abarrotaban la escalera principal. Era imposible saber si el podía verla en medio de aquel caos.

Y vio su sonrisa.

La sonrisa de Edward iluminó la tarde lluviosa y Bella sintió que otra sonrisa se formaba en sus propios labios. Entonces vio la cámara, la cámara a la que Edward “playboy” Cullen había dedicado la sonrisa.

Ella retrocedió y se alejó de la puerta. Lo había olvidado. Después de un verano fingiendo que era otra persona, y una noche en la que creyó que podía serlo de verdad, Bella había olvidado quién y qué era Edward Cullen.

Las cámaras habían destellado y los periodistas lo habían acosado con preguntas y, durante todo ese tiempo, el se había comportado como si hubiese nacido para representar el papel de protagonista en aquel drama. Era el empresario, el Playboy engreído de siempre.

Cuando los de seguridad lo tuvieron ya dentro de la limusina y se marcharon, Bella advirtió que tenía ganas de vomitar.

Y en esa ocasión no era por culpa de las palomitas.

***************

Tras el juicio, una vez emitido el veredicto, Bella esperó una hora en los juzgados. Felicitó al fiscal y habló con su padre y los policías de Nueva York que habían testificado. Se demoró recogiendo su impermeable y su portafolios, porque suponía que si se quedaba más tiempo, los cámaras y los periodistas se marcharían y se acabaría todo el lío.

Estaba en lo cierto.

Cuando salió a la incipiente luz crepuscular y sintió el viento frío de diciembre golpeando contra el impermeable en sus rodillas, las escaleras del edificio del juzgado estaban vacías.

El aire helado se coló por el cuello de su impermeable y se estremeció. Pese al frío y a un cielo que presagiaba la nevada que habían anunciado los del servicio meteorológico, decidió volver a casa caminando. Sabía que era patético, al estilo de los melodramas románticos, pero patético era el adjetivo que mejor calificaba su estado de ánimo.

—Felicidades- Con un sobresalto, el sonido de la voz de Edward la sacó de aquellos lóbregos pensamientos. Se volvió y lo vio en la acera, con las manos en los bolsillos de su abrigo negro de lana de Cachemira. —Has ganado el caso. Felicidades.

—Sin ti, no lo habríamos conseguido. —dijo ella forzando una sonrisa. Estaba en lo cierto y era lo mínimo que podía decirle—. Tu testimonio fue definitivo. Tenías todos los datos y todas las cifras.

—Sí, porque tengo unos excelentes empleados. Son ellos los que se encargan de esas cosas. —Edward esbozó una sonrisa que se difuminó al poco de haberse formado—. Así que... —Cambió el peso del cuerpo al otro pie y miró hacia la brillante limusina que lo esperaba calle abajo.

—Así que... —rápidamente Bella pasó el portafolios de la mano derecha a la izquierda—. Felicidades a ti también por lo de Jacob Black. —Sus ojos se posaron en la foto de uno de los periódicos del quiosco junto al que se encontraban. En ella aparecía el escritor en Oslo, recogiendo el Premio Nobel de la Paz.

Edward se encogió de hombros, como si haber salvado la vida de un hombre que se estaba convirtiendo en un referente cultural y un símbolo de la libertad de expresión, no tuviese ninguna importancia.

—Tú y yo no hemos hablado —dijo el. Desde que se habían visto en la casa de Long Island el día que se presentó el asesino Vulturi no habían intercambiado una palabra—. Me has estado evitando.

—He estado muy ocupada —dijo ella mirando más allá de Edward, hacia la limusina que lo esperaba.

—Me has estado evitando.

—Mira... —Bella respiró con fuerza y soltó el aire despacio, dejando que se condensase a su alrededor formando una pequeña nube. No quería que todo el mundo conociese, allí, en una acera de Manhattan, cuáles habían sido sus debilidades, pero sabía que si no lo hacía, probablemente no tuviese otra oportunidad. Si no conseguía decir aquellas palabras, la acosarían el resto de su vida. Y con toda probabilidad no podría decírselas a Edward nunca más—. Sí, te he estado evitando. —Se mordió el labio inferior para recuperar la compostura—. Te agradezco las flores. —Recordó las docenas de rosas que habían llegado en los días que siguieron al incidente de la casa de Long Island—. Y agradezco que me hayas llamado... no sé cuántas veces, porque finalmente desconecté el contestador.

—Muchas veces.

—Muchas veces. —Repetir esas palabras no le hizo sentir mejor—. No hablé contigo porque... porque no podía. No... —Se volvió y miró a su alrededor como si buscase las palabras en el gris paisaje de las calles y los rascacielos. Luego volvió a mirarlo y le dijo—: Tú mismo lo dijiste, Edward. Dijiste que sentías lo que había ocurrido en Forks.

Edward la miró pasmado, intentando recordar de qué demonios hablaba. En el momento en que lo comprendió, se acercó a ella tendiéndole la mano, aunque se detuvo justo antes de tocar la manga de su impermeable y ella se alegró de que lo hiciese. No necesitaba el calor de su mano para recordar el frío que sentía.

—Dije que lo sentía y tú pensaste... —Edward sacudió la cabeza—. Lo que quería decir era que sentía mucho que casi te hubiesen matado por mi culpa.

Qué propio de él. Siempre buscando protagonismo.

—No, fue a ti a quien casi mataron por mi culpa.

Edward sacó la mano del bolsillo del abrigo y se rascó la barbilla.

—No —dijo—. Por mi culpa casi me mataron y casi te mataron a ti. Fue culpa mía. Y por eso dije que lo sentía. ¿Podrás perdonarme alguna vez por eso?

—¿Perdonarte? ¿A ti? —Tenía que estar bromeando. Incluso en el momento en que su relación profesional tocaba a su fin y había desaparecido lo poco que quedaba de su relación personal, Edward seguía comportandose como un insensato—. ¿Por qué tendría que perdonarte? Fui yo quien perdió el control de la situación. Incluso perdí el control de mí misma, maldita sea.

—Me gustas cuando pierdes el control.

Edward le dedicó una media sonrisa y el corazón de Bella volvió a brincar entre sus costillas. Tenía que interrumpirlo y echarse a correr antes de que se convenciera de que en el brillo de sus ojos había algo más que el usual carisma típico de Romeo.

—No actué de modo profesional —dijo ella y él no la contradijo. No podía—. Te puse en peligro. Me alegro de que todo haya terminado bien y estés sano y salvo. Ahora puedes volver a tu mundo y yo...

—¿Volverás a dormir al lado de las cenizas de la chimenea? —el soltó una carcajada, pero aunque parecía que iba a decir algo más, consultó su reloj y miró hacia la limusina—. Mira, ahora tengo que irme. He prometido hacerle una visita a la esposa de Seth y no quiero llegar tarde.

—Dios mío —gimió Bella. Menudo final para su relación. Tenían que hablar de otras cosas, cosas más importantes que el hecho de que su corazón se hubiese roto en mil pedazos—. Qué desconsiderada he sido. Sé todo lo que has hecho por los niños, he oído que les has preparado un fideicomiso y...

—Es lo mínimo que puedo hacer por ellos —Edward la interrumpió con un gesto de la mano—. Seth era un buen amigo y estoy en deuda con él. —Se detuvo y se aclaró la garganta—. Estoy invitado al estreno de una película y he pensado que...

—No. —Era inútil que se engañara a sí misma. Ella no quería películas con el. No deseaba luces ni cámaras, aunque tenía que admitir que sí deseaba acción. No ansiaba oropeles y glamour. Quería compartir su vida con Edward, no compartir un titular. Quería sus mañanas, sus tardes y sus noches. Quería abrir con él los regalos de Navidad y llorar en las bodas de sus hijos y envejecer recordando cómo habían pasado juntos un verano extraordinario—. Tengo que irme.

Bella se volvió y echó a andar. El la contempló durante lo que le pareció un interminable lapso de tiempo. Contempló el familiar contoneo de sus caderas y la actitud confiada con que se movía y, en lugar de ver a la excelente profesional que le había salvado la vida, vio una mujer y un futuro.

Y en aquel momento, los dos parecían alejarse de aquel futuro.

Rapidamente, pero no lo suficientemente veloz, Edward salió del trance que lo mantenía inmóvil y corrió tras ella. Mientras Bella se detuvo en un semáforo y él acortó distancias. Casi la había alcanzado cuando le llamó la atención algo tirado en la acera y, sonriendo, se detuvo a recogerlo.

Ella esperó que cambiase el semáforo del cruce siguiente y parpadeó para librarse de una lágrima. Ella se negaba a volverse y ver cómo la limusina desaparecía con el adentro. Sabía que era un acto cobarde, pero no podía hacerlo. Aunque sabía que se habían despedido para siempre, si se volvía y lo veía marchar, la despedida se haría oficial.

El semáforo cambió y cuando se disponía a cruzar, alguien le tocó el hombro.

Bella se volvió asombrada y vio a Edward detrás de ella. Sostenía en la mano un envoltorio de chicle color rosa.

—Mira lo que acabo de encontrar. Es nuestro amuleto de la suerte del bingo, ¿recuerdas?

Bella miró el envoltorio y luego vio el pequeño centelleo de esperanza que brillaba en sus ojos y, en sus labios, floreció una sonrisa.

—¿Y qué sabes tú de los amuletos de la suerte? —le preguntó.

—Pues no sé nada, pero cuando aparece un presagio sé distinguirlo, y cuando vi éste, supe que era un buen augurio. Te diré una cosa, ¿por qué no dejamos eso del estreno de la película y salimos juntos, agente especial Swan? Nada de cine, una salida de verdad.

Era tentador, pero también lo era no dejarse llevar por la insensatez. La sonrisa de Bella se desvaneció y sacudió la cabeza.

—¿Para qué? Tú eres tú y yo soy yo...

—Y apenas nos conocemos. Bueno, un poco. Sí, pasamos juntos el verano. —La lógica del argumento de Edward se disolvió y se encogió de hombros. Recuperó su legendario aplomo al instante y afrontó el problema desde una nueva perspectiva—. Pero no éramos nosotros. Esos eran Emmett y Rosalie. Demosle una oportunidad a Edward y Bella a ver qué pasa...- el esperaba con los ojos bien abiertos para encontrar un poco de debilidad en ella y esperanza en el.

Ella miro el suelo por un segundo y respiro profundo. Luego lo volvió a mirar y sonrio levemente

—Sólo una oportunidad, ¿de acuerdo? —Parecía un trato seguro.

—Una. —Edward no espero que dijiera nada mas, no le daría la oportunidad de echarse para atrás. Sin mas, la tomó por la cintura y la volvió en dirección a la limusina—. Tengo que pasar un momento por casa de Allison Clearwather, pero ¿qué te parecería si después fuéramos a jugar a los bolos?

-Bolos?- pregunto Bella de manera divertida- Estas seguro?

-Claro, quiero un nuevo trofeo como el peor jugador…además, creo que extraño a nuestros vecinos- respondió el mientras le abria la puerta de la limusina con una sonrisa radiante. Ella estuvo a punto de subir al auto pero se detuvo frente a el. Edward se tenso al imaginar que Bella se estaba arrepintiendo- Bella…no..

-Creo que los bolos estarían muy bien Edward- lo interrumpió ella poniendo su mano sobre la de el en la puerta y sonriendo suavemente. Esa sonrisa que a el lo calentaba de mil maneras diferentes- Siempre y cuando nuestra cita a la bolera termine como la anterior- Edward la miro encantado a los ojos y corto la distancia entre ellos con un beso que quemaría todas las calorías que Bella habia consumido en las ultimas semanas.

-Creeme Bells, será mejor que la anterior- dijo Edward con su sonrisa ladina y sus ojos en llamas- esta vez no habrá un asesino a sueldo que nos saque de la cama

-Deberia tener miedo de eso, Sr. Edward “Corazon de Romeo” Cullen?- Bella estaba eufórica por dentro y necesitaba demostrarlo

-Deberia, agente especial Swan- respondió el, con voz ronca, acorralándola contra el auto- Deberias. Ahora entra al auto antes que te haga mia aquí mismo

************
Y ke dicen?? Les gusto??
Besos
Neny W Cullen


7 comentarios:

..//((^aLexcullen^))//::.. dijo...

primera wiiii jejejeje hay dios neny que si gusto hay yo kiero uno romeo así jajajaja hay nenyyyyyy hayyy no lo puedo creer que ya nse termine no es posiblñe digo esta historia es genial hayyyyyy je je je tkm hermana cuidate y haber si al rato ya me dan la mmoria para mandarte el cap te adoro niña nos léemos

sara dijo...

Me pondría en peligro encantada para proteger a alguien como edward jeje me encanto neny aunque me da pena que ya se acabe. un bs

maryuri_nature dijo...

hayy nooo ya se acaba =C esta historia me encanta, el capi estuvo genial, que bien que se dieron una oportunidad, ahora me imagino que se casan y todo jajaja ojala
saludos desde colombia neny

Bárbara dijo...

Nenyyyy!!!
Siiii, estan juntos jeje ya era hora, casi no estan juntos, que susto jeje
Me a encantado el final, ahi juguetones los dos jajaj
Solo falta el epilogo, que emocion!! ^^
Espero que todo te vaya bien =D
Besos

Dalis dijo...

OOOOOOOOOOOMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMGGGGGGGGGGGGGGGG con gusto me quito la ropa y me acuesto en la acera. Me encanto mucho mucho, ahora plssssssss no tardes mucho con el epilogo q muero de ganas por leer

connie dijo...

waaaaaa! me encanto!! tan lindos! *__* espere tanto este capitulo y ahora me da penita que solo falte el epilogo! no puedo esperar hasta leerlo! saludos! cuidate!

connie ^_^

Electrica Cullen Black dijo...

"Esa sonrisa que a el lo calentaba de mil maneras diferentes- Siempre y cuando nuestra cita a la bolera termine como la anterior- Edward la miro encantado a los ojos y corto la distancia entre ellos con un beso que quemaría todas las calorías que Bella habia consumido en las ultimas semanas."

Me encanta esta parte.... y que final!!!! ahora mismito vou por el epilogo pero... no te extrañe que te pidasegunda parte cari

Te quiero mi Neny y te extaño horrores.

Afilianos ^^

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