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Las Incondicionales

lunes, 24 de mayo de 2010

Capítulo 14 Nuevas y terrorificas Desiluciones

Ok, diganlo, Mala mala mala Neny!!!
Lo se y lo siento!!!
En serio queria tener el capi para ayer lunes pero jodi! no pude. Y me atrase, pero aqui esta. MAlO, que quieren que les diga, por hacerlo a la rapida no funciono!
(doy una aclaracion, yo me baso en la historia de Connie Lane, Hay capis bastante parecidos pero en realidad yo lo cambio mucho. Solo para que sepan el por que quedan tan los capis tan largos es por eso mismo, por que me guio segun sus capitulos)
Este no me gusto, intente arreglarlo pero Filo!
A ver si para el viernes el proximo capitulo queda mejor Vale?
No pedire coments por que Daly tiene razon, es chantaje puro, y sali perdiendo.
Si quieren comentar no tengo problemas.
LAS QUIERO





Capítulo 14 Nuevas y terrorificas Desiluciones



—¿Y eso es excitante o qué?!

Con una sonrisa, Jasper tomo a Alice por la cadera mientras echaba la cabeza hacia atrás y contemplaba la impresionante fachada del pabellón. Eran las siete y media y la temperatura debía rondar los treinta y dos grados. La acera del edificio estaba llena de cuero negro y tatuajes. Bella no había visto tantos desde la vez en que hicieron una redada en un local de los Ángeles del Infierno, a las afueras de Phoenix.

No era «excitante» precisamente la palabra que tenía en la mente.

De manera instintiva, agarró con fuerza su gran bolso de piel sintética. Qué estupidez necesitar la seguridad que le daba notar que llevaba dentro la semiautomática de nueve milímetros... Qué estupidez sentirse tan conspicua y vulnerable pero, fuese o no una estupidez, Bella agradecía el valor que le ofrecía la pistola. Aunque la concurrencia no debía de ser tan dura como indicaba su aspecto, tenía que manejarse con cuidado. No necesitaba recordarse que ya había hecho el sacrificio definitivo en nombre de la seguridad de Edward.

Las posibilidades de todo lo que había rechazado la noche de la tormenta seguían plagando sus sueños de imágenes eróticas. La abstinencia le llevaba a estar de malhumor y la hacía más decidida que nunca en lo referente a velar por la vida de Edward, sobre todo después de haber renunciado por ello a tantas cosas.

Bella miró a su alrededor con ojos expertos. La ruidosa multitud que se congregaba fuera del pabellón era de lo más variopinto. Hacía menos de quince minutos que habían aparcado el coche y Bella ya había visto tipos musculosos en pantalón corto y camisetas muy ceñidas, mujeres tan duras que parecían capaces de morder y tantas personas a las que les faltaban dientes que un dentista, con ellas, se habría hecho de oro.

La mujer que estaba delante de Bella llevaba un peinado estilo colmena y una camiseta muy corta, que mostraba tanta carne que resultaba de un mal gusto espantoso; por no decir indecente. Lucía un tatuaje en el hombro izquierdo en el que se autoproclamaba «la zorra de Bubba». El hombre que estaba junto a ella, y que Bella supuso que debía de tratarse del propio Bubba, llevaba muchos aros en las orejas y una cola de caballo que le llegaba hasta la mitad de la espalda. También llevaba una serpiente tatuada en el brazo que se ondulaba desde el hombro hasta la muñeca. La cabeza de la serpiente, con los colmillos al descubierto, cubría la totalidad de su mano. La pareja que los acompañaba era algo más sentimental. Iban vestidos absolutamente conjuntados: pantalones de cuero, chaqueta de cuero y collares de pinchos.

A la derecha de Bella, Jasper y Alice se veían absolutamente convencionales en medio de aquella colorida multitud, pese a haberse puesto sus vaqueros nuevos y camisas de cuadros para la ocasión. Bella no necesitó recordarse el aspecto de Edward. A pesar de que ella le había dicho que lo mejor sería que pasase inadvertido entre toda aquella gente, él había insistido en ponerse unos vaqueros azules y un polo de color rojo muy chillón, con botones delante y un símbolo bordado sobre el corazón; una mala imitación de la marca de un famoso diseñador.

Parecía un asistente social o, peor aún, un policía. Bella lo miró y apartó los ojos enseguida porque temió que, si lo miraba durante más tiempo, tal vez la gente se daría cuenta y también lo observaría. En realidad, era la primera vez que se alegraba de estar muy apretujados en la cola, esperando para entrar en el pabellón. Con tanta gente, la posibilidad de que alguien se fijaran en el era remota.

Aunque cualquiera que tuviese dos dedos de frente habría advertido que era demasiado tarde para salirse de la cola que avanzaba hacia las puertas abiertas del pabellón, Bella supo que tenía que intentarlo. Una vez más. Se movió hacia la izquierda, cerrando el espacio ya excesivamente escaso entre Edward y ella.

—¿Estás seguro de lo que hacemos? —le preguntó.

—¿Seguro? —Edward jugaba con ventaja. Era más alto que Bella y alargó el cuello para mirar hacia la puerta por encima de la gente—. ¿Por qué no iba a estarlo?

Era lo mismo que le había escuchado decir una y otra vez desde que Jasper le anunció aquella salida al auditorio, una especie de mantra que Bella podía repetir incluso dormida. Suspiró, pero antes de tener la oportunidad de discutir o rendirse a la evidencia, recibió un fuerte empujón por detrás que la hizo volver a la realidad.

De manera instintiva, metió la mano en el bolso, se volvió y se encontró con la nariz pegada a una gran mole de carne tatuada.

El propietario de la carne y de todos esos tatuajes medía casi metro noventa, vestía pantalones de motorista y una cazadora de cuero que no llegaba a cerrarse sobre su torso desnudo. Debía de ser gato viejo en lo que se refería a intimidar a la gente. Retrocedió un par de centímetros y miró a Bella de arriba abajo.

—¿Se puede saber qué miras? —le preguntó el gigante en tono crudo.

Bella notó que, a su lado, Edward se tensaba y daba un paso hacia delante. Muy considerado por su parte, estilo años cincuenta, pensó ella; pero era ella quien estaba allí para trabajar. Parte de ese trabajo consistía en impedir que nadie le abriese la cabeza, le rompiera los brazos u otras partes de su cuerpo; partes en las que, en ese momento, no quería pensar. Y el tipo que tenía detrás parecía aficionado a ese tipo de juegos.

Con el movimiento de una mano y una media sonrisa, Bella supo que la única manera de afrontar a esos provocadores era jugar su mismo juego. Se puso de puntillas y quedó a la altura del piercing que el tipo llevaba en el pezón izquierdo. Echó la cabeza hacia atrás para mirarlo a los ojos, deslustrados y enrojecidos, ejemplos de manual de en qué puede convertirse un hombre después de fumar demasiada hierba.

—Yo no te estaba mirando a ti —le dijo Bella con un gruñido. Sacudió la cabeza e hizo un inconfundible gesto con la mano.

El tipo respingó. Al parecer, no esperaba que le plantase cara una mujer que vestía una camiseta con ositos de peluche amarillos. Asi, Bella, satisfecha se volvió hacia las puertas y esperó que la cola avanzase deprisa, antes de que el tipo decidiera ir a la carga otra vez.

—¿Crees que ésa es la mejor manera de tratar a estos tipos? —le preguntó Edward al oído, haciéndola temblar por completo.

Ella lo tranquilizó con un gesto pero, en su interior, no se sentía relajada. Había visto que el labio superior de Edward se había fruncido mientras era testigo de cómo le paraba los pies al grosero de atrás. Había visto que Edward se había movido entre el gentío, con los brazos pegados a los costados y los hombros duros como una piedra. Total y absolutamente incomodo, desagradado…entonces ¿Qué rayos hacia ahí, por que habia aceptado ir?

Bella sopesó todas las posibles respuestas a esa pregunta pero no dio con la solución, igual que le había ocurrido el día en que el vecino los invitó al auditorio y Edward había aceptado encantado. Por eso hace dos días habia decidido preguntárselo abiertamente.

—¿Y por qué no? —le dijo el—. Al fin y al cabo, han sido muy amables invitándonos.

—Sí, invitándonos al infierno. —Volviendo al presente, Bella murmuró esas palabras sin importarle que alguien las oyera. A su izquierda, dos individuos se insultaban, pasando acto seguido a las manos. La multitud los espoleó hasta que expresó su decepción con silbidos cuando dos de los tipos de seguridad del recinto que parecían más colocados se acercaron a separarlos.
Cuando la refriega terminó, estaban ya tan cerca de la puerta que notaron el aire acondicionado del interior del pabellón.

—¿HEy, están bien ustedes dos? —Jasper miró a su alrededor y les dedicó una sonrisa como las que Bella suponía que los hombres intercambiaban cuando se cruzaban en el salón de masajes del barrio—. Va ser una pasada de noche.

—Fantástico. —Esa única palabra, salida de entre los dientes apretados de Edward, le dijo a Bella mucho más de lo que le había revelado el mantra «¿por qué no iba a estarlo»?, repetido durante toda la semana. Curiosa, se volvió para observarlo más de cerca, pero él se comportó como si no hubiese dicho nada y se preguntó si no lo habría imaginado todo.

Al cabo de un minuto, al entrar en el recinto, comprobó que no había imaginado nada. El aire frío, en contraste con la piel caliente, le puso la carne de gallina en los brazos y en la espalda. Ella respiró hondo. El aire acondicionado la hacía estremecer pero, al mirar a su alrededor, comprobó que lo que había dicho respecto a encontrarse en el infierno, había sido totalmente acertado.

Aquello era el verdadero infierno, sobre todo para una agente del FBI cuya misión era velar por la seguridad de un testigo.

Había tenderetes en los que se vendía de todo, desde perritos calientes de un palmo de largo hasta programas de la velada de esa noche, pasando por camisetas, serpientes de plástico, carteles de los grupos y mucha más cerveza de la necesaria para una multitud ya hiperexcitada.

Bella notó un cosquilleo en todos los nervios de su cuerpo y, por primera vez, supo que la sensación no tenía nada que ver con la proximidad de Edward. Se le erizó el vello de la nuca y su instinto de policía la puso sobre aviso. —Esto es peligroso. —Bella agarró a Edward por el brazo, llevándolo hacia un lado—. Tenemos que sacarte de aquí ahora mismo.

—Ya hemos vivido situaciones parecidas. —Cuando Edward vio que los vecinos se habían detenido para ver qué les ocurría, les indicó que siguieran con un gesto de la mano y Bella deseo que Edward no fuera tan buen actor, se descubrió deseando poder saber que pasaba por la mente del maldito playboy—. Hemos venido y nos quedaremos. De otro modo los vecinos sospecharían.

—Pues que sospechen. —Bella se apartó para que un adolescente que tenía mucha prisa pudiera pasar—. Aquí hay demasiada gente, Edward, pueden surgir infinitas complicaciones. —Miró los tenderetes junto a los que se encontraban y a las decenas de puertas que llevaban a los lavabos y a las dependencias de primeros auxilios—. Vulturi puede estar escondido en un centenar de lugares.

—El no está escondido en ninguna parte. —Mientras lo decía, miró a su alrededor y Bella se fijó en ello. Si en realidad Edward no creía que Aro Vulturi se encontraba ahí no entendía por que buscaba a alguien.

Edward miró hacia la entrada por la que todavía accedían docenas de personas al recinto.

—Es imposible que sepa que estamos en Forks verdad? —preguntó, pero no esperó respuesta. Simplemente miro hacia donde se encontraban Alice y Jasper y sonrio cuando vio que este ultimo compraba cuatro latas de—Y aunque cerrase los ojos y señalara un punto del mapa al azar y ese punto fuese Forks, ¿cómo iba a saber que esta noche vendríamos al auditorio? —La miró a los ojos. Su voz había sonado de lo más paciente, lo cual, para Bella, todavía empeoraba más las cosas ya que no podía decirle que no tenía razón.

—Sí, bueno. —Bella soltó un bufido de preocupación—. Ok verdad, pero eso no quita que siga siendo peligroso.

—¿Asustada? —Edward formuló la pregunta con una de sus sonrisas torcidas marca de la casa, con las cejas arqueadas por encima de la montura de sus gafas y los ojos brillantes—. ¿Tienes miedo de que esta gente sea demasiado dura para ti?

—No me voy a dignar a responder a eso. —Bella se negó a participar en aquel pique propio de adolescentes. Edward sabía que no soportaba que se pusiese en cuestión su valor y, en lugar de reconocerlo o verse arrastrada a una pelea en un sitio tan concurrido, caminó hacia sonde se encontraban Alice y Jasper, sabiendo que Edward venia atrás suyo esbozaba una sonrisa de triunfo.

—Y que les parece ah?- pregunto Jasper emocionado—. ¿A que es excitante?

—Sí, lo es —respondió ella, muy seria.

Bella siguió a los vecinos hasta sus asientos sin perder de vista a su protegido. Anhelaba encontrar algo en su expresión que le permitiese comprender, ante todo, qué demonios estaban haciendo en aquel infierno; pero por más entregada que estuviese, no importaba. Su expresión era tan indescifrable como la de una esfinge.

Nada tenía sentido. Ni el lugar ni el espectáculo ni el repentino deseo de Edward de demostrarle a los vecinos que no era más que un buen chico. A Bella todo le resultaba incomprensible.

Se abrieron paso por el pabellón y descendieron por las gradas hasta el espacio central. Bella advirtió que si buscaba detalles que tuvieran sentido, se había equivocado de sitio. Desde la parte central del auditorio, donde tenían lugar los acontecimientos deportivos o musicales, el mundo real parecía encontrarse a millones de kilómetros de distancia. Las luces estroboscópicas la cegaban una centésima de segundo y la sumían en la oscuridad más total a la centésima siguiente. La música sonaba tan fuerte que resonaba en su interior haciendo temblar el vaso de plástico de la cerveza.

—Magnífico —gruñó, sin saber si lo hacía debido a las molestas imágenes de corderos degollados que se habían formado en su mente o al hecho de descubrir que tenían entradas de primera fila. Intentó sentarse en el asiento que daba al pasillo pero cuando iba a sugerirle a Edward que le cambiara el sitio, las luces se apagaron por completo y todos empezaron a gritar como posesos—. Realmente magnífico —repitió antes de ser golpeada por los tipos de la hilera de detrás, que se dedicaban a dar saltos y a gritar a pleno pulmón. Bella se dejó caer en el asiento más cercano y suspiró, resignada a vivir la que iba a ser su primera asistencia a una velada de lucha profesional.


Edward no sabía que los asientos iban a estar tan cerca de donde se desarrollaba la acción, que podrían contemplar tan bien todos los movimientos de los luchadores. Un tipo vestido de verde, con una horrenda cicatriz encima del ojo, saltaba con los dos pies sobre otro tipo musculoso y de pelo largo con una cara que parecía esculpida en piedra.

Bella no se lo creía, no entendía como era posible que estuvieran frente a un ring de lucha libre y para colmo en la primera fila. Oyendo como el auditorio era un verdadero volcán en erupción. Durante todo ese tiempo, Bella permaneció sentada al lado de Edward, todo lo cortés e interesada que alguien pudiese mostrarse por más de cien kilos de sudor, músculos cubiertos de aceite y las malas actitudes del cuadrilátero.

En realidad, no prestaba demasiada atención a la pelea. Cada vez que Edward la miraba, la descubría mirando a su alrededor. No sabía qué buscaba, pero sabía por qué lo hacía. Aquel lugar era una pesadilla, sobre todo para una agente de la ley que se tomaba su trabajo tan en serio. El podia notar la tensión acumulada en el cuerpo de la agente. Agradecía que velase por su seguridad, y esperaba poder decírselo algún día. Pero ese día parecía aún muy lejano y la única manera de poder hacer lo que había ido a hacer al pabellón era escabullándose.

Antes y después del descanso, le había dicho que iba al baño y las dos veces Bella lo había seguido y lo había esperado fuera. Antes y después del descanso, Jasper se había hurgado el bolsillo buscando dinero para cervezas y Edward se lo había quitado y había ido él a por ellas. En ambas ocasiones Bella lo acompaño.

Tal como estaban las cosas, no podría encontrarse con Seth.

La idea cayó en su estómago como el perrito caliente que había ingerido para cenar. Produjo el mismo efecto. Se le encogió el estómago y se sintió descorazonado y asustado. Edward se preguntó por qué los gustos de Seth habían pasado de lo selecto a lo repulsivo y echó otro vistazo al cuadrilátero. Sin embargo, que él estuviese allí no tenía nada que ver con el buen o el mal gusto. Confiaba en su amigo más que en ningún otro ejecutivo con los que hubiese trabajado, y aunque su lógica le decía que era improbable que se encontrara con él en un sitio con tanta gente, no perdía la esperanza de hacerlo.

Entre los dos tipos que peleaban, el de verde y el del pelo largo, se declaró un vencedor y, quienquiera que fuese, al instante siguiente ya lo habían olvidado. Brillaron un par de flashes y Bella se volvió para estudiar a los fotógrafos. No parecían sospechosos ya que, de otro modo, no se habría vuelto a sentar sino que se les habría lanzado al cuello.

—Esto lo retransmiten por la tele, ¿verdad? —preguntó Bella, como si acabase de ocurrírsele.

—¡Dios, espero que no! —En segundos Edward se hundió en su asiento y se aguantó la cabeza entre las manos. La idea de que lo vieran en un combate de lucha le parecía atroz. El que lo reconociesen le hizo imaginar lo que dirían sus compañeros de los clubes de campo y lo que haría la prensa sensacionalista con semejante historia. Ya veía los titulares: «¡Romeo en la lucha libre! ¡Romeo el rey del ring! ¡Un paseo por el lado salvaje de la lucha con el hombre más guapo del país!»

El estómago se le revolvió de nuevo, pero antes de que la sensación desapareciera se le ocurrió otra idea: ¿no era precisamente eso lo que quería, que lo vieran?

La pregunta sonó como un pinchazo de culpabilidad en la conciencia de Edward. ¿No había cosas más importantes que lo que dijeran de él las revistas de cotilleos? ¿No era eso lo que llevaba diciéndose todo el verano? ¿No era eso lo que había aprendido de Jacob Black? ¿Había cosas por las que merecía la pena arriesgar el sentido del ridículo e incluso la integridad física?

Como no estaba de humor filosófico no se molestó en responder a sus propias preguntas. Se sentó y miró de nuevo a su alrededor. No había cámaras de televisión a la vista, lo cual suponía una bendición en una velada llena de sangre, sudor y escarnios. A Seth, sin embargo, no se le veía en ningún sitio y, mientras presentaban a los siguientes luchadores, aprovechó para ponerse en pie y observar mejor. Como era de esperar, a Bella eso no le gustó en absoluto. Se puso en pie de un salto, lo agarró por el brazo y lo hizo sentar.

—De pie eres un objetivo fácil —le dijo con una expresión vigilante pero sin perder la sonrisa para no asustar a los vecinos.

—Sí, lo sé. Lo siento. —Edward la miró con cara de cordero degollado y esperó que lo viera pesaroso y no contento. De ese modo, ella no sospecharía lo que acababa de ocurrir, entre el ponerse en pie y el volverse a sentar. Había visto a Seth Clearwather y había cruzado una mirada con él.

Solo habían bastado un par de segundos para reconocerse. Después advirtió que Seth llevaba una camiseta amarilla con el distintivo de personal del espectáculo en la parte delantera; como la que llevaban los gorilas apostados en los pasillos. Su amigo nunca había parecido un gorila, difícilmente podría parecerlo pues había sobrepasado la cuarentena, estaba medio calvo y llevaba gafas. Y, sin embargo, allí estaba, al fondo de uno de los pasillos, con los pies separados y las manos cruzadas sobre el pecho.

Seth vio a Edward en el mismo momento en que éste lo veía a él. Sus ojos se encendieron de alegría y alivio al comprobar que ponerse en contacto con Seth había sido la decisión correcta.

Su amigo había estado a punto de saludarlo con la mano pero se contuvo a tiempo, le hizo un gesto con la cabeza y sonrió. Justo antes de que Bella lo obligara a tomar asiento, vio a su amigo mirando por encima de su hombro y Edward supo qué significaba. Justo detrás de Seth había un cartel en el que se leía «zona 545». Ahí era donde quería que se encontrasen. Ahora Edward solo tenia que encontrar el modo de ir hasta Seth sin que Bella lo pillase

En la Academia, nunca le habían hablado de eso. Por muchas grandes ideas de situaciones nunca habría supuesto esta. Bella se recostó en el asiento y observó a la multitud. Nadie le había dicho nunca que tal vez se encontraría un día a un metro de distancia de unas bestias musculosas, anchas espaldas y excitadas por la testosterona intercambiando porrazos. En todo caso, de encontrarse en una situación así, sería para detener a esas bestias musculosas, de espaldas anchas y excitadas por la testosterona.

Cuando anunciaron a los dos luchadores siguientes y la multitud enardeció, su humor incluso empeoró. Pareciera que ese combate era diez veces mas esperado que el anterior por que el ruido fue el doble al igual que la ansiedad de Bella. En un lugar asi, fácilmente podrían dispararle a Edward diez veces y nadie lo notaria.

—Me vendrían bien unas palabras de ánimo —gruñó incomoda, pero aunque lo hubiese dicho gritando, nada habría cambiado. Aunque estaba sentado a su lado, Edward no lo oyo. Contemplaba la acción que se desarrollaba en el cuadrilátero, una acción que en aquel momento consistía en los golpes que intercambiaban un tipo grande con un taparrabos negro y otro tipo aún más grande con una silla plegable de metal; Bella no entendía como se estaban desarrollando los hechos. Por lo que sabía de Edward, no entendía que no se hubiese marchado antes, si no a casa, hasta que los vecinos quisieran, sí a comprar serpientes de plástico o a tomar café aguado, cualquier cosa que no fuera estar tan cerca de aquella carnicería falsa, patética y mezquina.

Empezó a repetirse mentalmente esa pregunta hasta que se controló. Era inútil darle más vueltas a aquella cuestión, pues no llevaba a ninguna parte.
—¿No te parece entretenido? — preguntó Jasper, que estaba sentado a su derecha y se había acercado a ella para hacerse oír—. Espero que lo estén pasando bien ustedes dos.

—De maravilla —respondió ella lanzando una mirada asesina a Edward quien no tenia la imagen de estar disfrutándolo, pareciera que simplemente quería salir corriendo de ahí
-Hey, que le ocurre a Emmett?- pregunto su vecino viendo lo incomodo que estaba Edward

-Emmett se pone un poco ansioso cuando tiene que estar sentado tanto rato —le dijo ella sin dudar un segundo—. A veces siente algo de claustrofobia. Por eso me sorprendió un poco que hubiese aceptado tu invitación.

—¿Mi invitación? —Uno de los luchadores se encaramó en las cuerdas del cuadrilátero y saltó sobre su adversario. Jasper también salto del susto y grito un par de maldiciones. Mostro una gran sonrisa y volvió a sentarse a su lado—. Ese Emmett... Es un diablillo no? —Jasper sacudió la cabeza, admirado. Miró a Edward pero éste no le prestó ninguna atención—. Probablemente quería sorprenderte. Venir esta noche aquí ha sido idea suya.

En la cabeza de Bella sonó una alarma, algo que le avisaba que algo no estaba bien

—¿Quieres decir que fue él...? ¿Estás seguro de que...? —Su cerebro se aceleró trazando posibilidades, y ninguna de ellas le gustaba.- ¿O sea que esto ha sido idea tuya? —Bella le gritó a Edward, antes de advertir que habría sido más efectivo abordar la cuestión de una manera más serena y razonable.

Pero nada importo por que Edward no tuvo chance alguna de responder. Justo cuando se volvió a ella la multitud grito y uno de los luchadores salió volando del cuadrilátero y cayó a sus pies.

Bella habría podido controlarse y tomar las riendas de la situación de no haber sido porque el otro luchador salió en busca del que había caído. Saltó del cuadrilátero, aterrizó sobre su adversario y siguió golpeándolo en un charco de sudor a medio metro de donde Bella se encontraba.

Dos aficionados que estaban en la fila de detrás no pudieron contener su excitación y, sorteando los asientos, se fueron directos hacia la pelea. Los gorilas guardias de seguridad llegaron a dispersar a las masas. Uno de ellos agarro a un aficionado y lo lanzo directo hacia Bella.
Es ese instante Edward tomo del brazo a Bella con fuerza para que se levantara de su asiento.
En segundos Bella estaba en el suelo, desorientada y con uno de los luchadores de cuerpo excesivamente sudado a solo milímetros de ella.

—¿Estás bien? —oyó que decía Edward por encima del griterío. Metió el brazo entre aquel amasijo de cuerpos que se retorcían para ayudarla a ponerse de pie. Sin entender que era Bella se encontró con los ojos de Edward, que le transmitían algo, un sentimiento. Y recordó aquella vez que lo salvo de repartidor de pizzas falso. Recordó aquel momento que la ayudo a ponerse de pie y descubrió una diferencia. Esta vez fue por ella. No perdió ni un segundo pensando en sí mismo. Toda su preocupación había sido lo que pudiese ocurrirle a ella.

Cuando Bella se dio cuenta de ello, se quedó helada, y eso que segundos antes se había visto invadida por una agradable calidez.

—Gracias —sonrió, todavía agarrada a la mano de Edward, que no tuvo tiempo de devolverle la sonrisa ya que alguien lanzó un puño y Bella lo apartó de un empujón al tiempo que se agachaban.

Uno de los luchadores chocó contra ella y notó la presión de un cuerpo musculoso sobre el suyo. Notó que sus pies se alzaban del suelo y descubrió que la habían levantado en el aire.

—¡Bájame! —gritó Bella, dando puñetazos a los durísimos brazos que la llevaban en volandas—. ¡Bájame! —Pero nadie parecía oírla. El público debía de pensar que aquel numerito formaba parte del espectáculo. La multitud enloqueció.

Para que el tipo la escuchase fue necesario un codazo bien dirigido a su estómago. Cuando la dejaron en el suelo se dio cuenta que ya no estaba donde mismo, la habían alejado del tumulto, a salvo. Pero muy lejos de Edward quien ahora se dirigía hacia las escaleras de salida y se perdia en el.

—¡Eh! —Bella reaccionó de forma instintiva. Gritó a Edward y corrió hacia allí pero no pudo cruzar el amasijo de cuerpos que formaban luchadores, gorilas y aficionados que, justo en ese momento, empezaba a disolverse. Y aunque hubiese podido pasar, eso no habría cambiado las cosas, ya que Edward seguía avanzando hacia la salida. La última vez que lo vio, su polo de color rojo brillante desaparecía por una de las puertas.

—¡Maldicion! —Bella pateó el suelo e intentó sortear la pelea. Corrio hacia la otra salida mas cercana pero dos gorilas custodiaban la puerta-Disculpen tengo que salir

—No, señorita. —El gorila sacudió la cabeza. En su oreja brilló un pequeño diamante bajo la luz de los focos—. Tendrá que esperar a que los de seguridad hayan despejado la zona.

—No, usted no entiende, tengo que salir. —Bella esbozó una sonrisa que no hizo variar la pétrea expresión del gorila, el cual cruzó los brazos sobre el pecho—. ¡Esto es una locura! —Volvio a su asiento donde ya no habia gente y busco su bolso que habia caído entre las sillas. Asi si se ponía peor la cosa al menos podría mostrar su placa. Asi que volvió a mirar al guardia mastodonte y sonrio —Mire —le dijo—, tengo que marcharme. Si me atiende un segundo...

—No —ladró el tipo con la cordialidad propia de un instructor de los marines. Le lanzó una feroz mirada y Bella comprendió por qué estaban esperando a los de seguridad.

El gorila pensaba que Bella se había visto implicada en la pelea, que no era sólo una inocente espectadora de la misma. ASi que no la dejarían salir hasta que la policía se la llevara, si eso ocurria no podría encontrar a Edward.

Bella hizo un intento de evadir al gorila pero este se dio cuenta y la agarro. Antes de hacer nada Bella recordó que el tipo estaba haciendo su trabajo, pero que ella también estaba haciendo el suyo. Y no habia tiempo para. Simplemente uso la técnica de la huida femenina, un golpe bajo en la entrepierna con su rodilla lo dejo sin aire. En solo milésimas de segundos Bella ya estaba fuera del pasillo. Subió las escaleras de dos en dos, corriendo hacia el lugar por el que había visto desaparecer a Edward. Abrió la doblé puerta que daba al ancho pasillo donde estaban los tenderetes. Con el cerebro bullendo de pura adrenalina y el corazón latiéndole desbocado, hizo una pausa y miró a un lado y al otro del corredor casi vacío.

—¡Mierda! —Si, hubiera sido comico y hasta tierno haber encontrado a Edward esperándola ahí en la salida. Pero no habia sido asi. Se apresuró hacia el primer puesto de la hilera de chiringuitos—. ¿Has visto a un tipo moreno, con polo rojo y gafas? —preguntó a la vendedora.

La asombrada mujer sacudió la cabeza. Bella empezó a hacer la misma pregunta en todos los puestos. Al parecer, en un recinto pon veinte mil personas resultaba difícil fijarse en una cara, por más que se tratase de una cara capaz de provocar millones de fantasías.

Bella siguió recorriendo el pasillo y, al doblar un recodo vio el centro de operaciones de los de seguridad. Disminuyó el paso e hizo un repaso de la mercancía que podía comprarse, desde cámaras de un solo uso hasta camisetas, pasando por unas botellas con la foto de alguien llamado Malagasi Cobra, un tipo con tanto músculo que Bella se preguntó cómo podía moverse.

—¿Eres admiradora de Malagasi Cobra? —preguntó el vendedor.
—Sí, claro.- mintió descaradamente cuando dos gorilas pasaron detrás de ella buscando indicios de su presencia. Saco un billete de 20 y se los dio al vendedor, se puso la camiseta y salió sin siquiera aceptar el cambio que le tendía el tipo. Pero en la puerta se quedo mirando alrededor- Oye, no habrás visto por aquí a un tipo muy guapo con gafas, ¿verdad? —le preguntó, esperando que cuatro dólares y noventa centavos fuese propina suficiente como para hacerlo hablar—. Ah, y lleva un polo rojo brillante.

—Pues acabo de verlo.

—¿Y dónde ha ido? —Bella pregunto ansiosa.

El hombre señaló una puerta que se encontraba unos tres metros más adelante y Bella salió a la carrera. Abrió la puerta de golpe y se precipitó al interior. Entonces advirtió que estaba lleno de urinarios y se sobresaltó.

Era el lavabo de hombres pero no había nadie, por lo que a nadie le importaría que una mujer hubiese hecho una incursión en una zona de dominio masculino tan íntima. Se adentró más en el baño y miró a su alrededor. Frente a ella vio una puerta que llevaba de vuelta al corredor y se descorazonó al intuir lo que probablemente había sucedió. Sin embargo, y como todavía estaba allí, pensó que merecía la pena intentar encontrar a Edward.

—¿Edward? —llamó—. Edward, ¿estás aquí? No obtuvo respuesta. No la necesitó. Sabía que aun en el caso de que Edward hubiese estado allí, ya se habría marchado. Pensando en eso, Bella oyó cómo se abría y se cerraba la puerta que tenía a sus espaldas.

—Vaya, mira quién está aquí... Bella gruñó. Reconoció la voz, y aunque no hubiese sido así, no habría tardado en saber quién había entrado en el lavabo de hombres. Se volvió y chocó contra una mole de carne tatuada. Estaba atrapada... por si fuera poco con el tipo del piercing en el pezón.
* * *

*****
Espero no esten enojaditas conmigo :S
GRACIAS POR COMENTAR (si es que quieren obvio)
BESOS

*NENY*

10 comentarios:

Beth dijo...

Pelearse con un matón tatuado y con pearcings en los urinarios de un local donde hacen lucha libre en un pueblucho: la ilusión de toda mujer.
Está genial.
Pero, donde fue Edward? Ya me tiene superintrigada.
Besos

Electrica Cullen Black dijo...

Neny trataré de leerte esta noche cari... pero queria ser la segunda en aparecerte... jajaja. Además así tienes más comentarios y estas más contenta que es como te quiero ver... (giñó de ojo) jajajaja

Anónimo dijo...

Muii Buenoo!! Erii!!, sin ganas de escribir...:)

loka cullen dijo...

=( la verdad es k preferia el chantaje si despues nos dabas mas caps jaja xd me dejaste cn la intrigaaa!!!

loka cullen dijo...

=( no podrias subir antes x fisss bueno ya te stoy pidiendo muxo mejor olvidalo me basta cn k subas el viernes es k no aguanto jaja

Electrica Cullen Black dijo...

Peke no esta tan mal como decías... si me dejastes intrigadisima con como se las tendrá que ver con el tipo del pircing... UG pobre Bella!!! Macarra sudado buscando bronca, lucha libre y un Edward escurridiso... una convinación de lo más ideal... para agararse un buen amargue... jajaja

Y ahora a dormir!!! Te quiero...

romina dijo...

dios!!!!!11 que no estuvo bueno???'
pues la adrenalina a mi me encanta y este capi me puso los latidos del corazón a mil... excelente como siempre, pero como lo cortas así????????? sabes lo que es eso????? que va a pasar???? ya quiero ver a la agente del FBI contra un matón que solo tiene músculos jajajja... más vale que gane ella... con unos cuantos golpes obvio ajjaja... y edward... sin comentarios quise patearlo!!! como es tan idiota de dejar así a bella!!!! buenoo... hombre ajjaja...ya quiero el que sigue!!!!!! besotes y nos leemos pronto =)
pdt: obvio me gustaba el sistema de chantajes jajaja =)

Anónimo dijo...

Neny¡¡¡¡
Nada que ver, estuvo genial el capitulo, me encanto, nada de fome, estuvo mas expectante que nunca...
Me dejas muy intrigada, nos dejas con las ganas de seguir leyendo, estaba en lo mejor y se acabo :-(
Por favor¡¡¡ yo prefiero los chantajes, ya que estos son las fuerzas y el animo que te dan para que sigas escribiendo, ya que sabes que tienes a un grupo de personas impacientes, que llegue la hora de que subas un capi...
Animo y te mando todas las fuerzas del mundo, sigue asi, eres genial, parece que te lo habia dixo, pero es cierto...
Besotes x montones
Mical = Micky

Isabella dijo...

Enojada?? NUNCA!! Si me estritecio que no publicaras, pero bue... Eso si me voy a volver loca asta que publiques!! jaja
Un Beso

..//((^aLexcullen^))//::.. dijo...

Nenyyyyyyy que MENTIROSA eres si este segun esta MALO no inventes osea tiene mucha adrenalina y es de cierto modo exitante como ke el tarado de Edward se escabulle y ya kiero leer el prox para ver ke le va hacer al tipejo ese de persing ke se cree. Bueno aclarado el punto del Cap si la verdad prefiero el chantaje asi no me estaria torturando cada semana para poder leerte, aclarado este punto otra cosa se ke kisas te paresca raro pero me podrias decir como hacen eso que poner la imaguen y abajo los cap de las historias lo siento(soy pesima en el blog}
y otra cosa ya se ke no soy ni la mitad de buena de lo ke son la mayoria de ustedes escribiendo pero me gustaria que alguna vez pasaras a leer la historia estoy en planes de una con los personajes de CREPUSCULO pero aun no se me seco el cerebro en fin dejando los puntos sobre las ies de mi peticion de MAS CAPITULOS POR SEMANAAAAAAAA y mi orientacion para mi blog me despido sale cuidate y.... ya hay nos vemos


asiiiiiiiii p.d. como para cuando iras a subir cap´s de "AMOR A TODO PRUEBA"?????? DIGO SOLO para saber anda siiiiii y no olvides si puedes pasarte a mi blog??? te lo voy a agradecer bay bay

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