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Las Incondicionales

martes, 11 de mayo de 2010

Capitulo 10: LA INVITACION

Ok, chicas, 1º lamento subir el capi tan tarde pero por como ya ven las cosas no estuvieron muy lindas el dia de hoy. Estoy mejor, aunque debo decir que igual pase susto por que me vi perdida en un lugar que en mi vida habia ido. No me pregunten como....creo que me bloquee mentalmente.
En fin 2º chicas, este capi se ha vuelto un poko flojo, la tension sexual esta...y muy presente, pero no hay lemmon, yo avisare cuando haya un pokito que sea, jajajaj
Quiero dedicarselo a aquellas chicas que mandaron sus buenas vibras y su cariño a mama. Ella ya esta bien gracias a Dios
AH! Y MIL GRACIAS POR DEJAR 14 COMENTS EN EL CAPI ANTERIOR!!! NO LO PUEDO CREER!!!! :D NO LO HABIA VISTO HASTA AHORA!
GRACIAS GRACIAS GRACIAS!






Capitulo 10: LA INVITACION

Era la regla número uno y la había infringido.

Sin saber dónde iba, Edward bajó de dos en dos las escaleras que llevaban al patio delantero. De espaldas a la ventana en la que Bella seguramente se había apostado para no perderlo de vista
Respiró hondo, una inspiración que le desgarró los pulmones, y se aconsejó dejar de comportarse como un idiota. Era un hombre, no un adolescente. Un hombre con experiencia, refinamiento e inteligencia que nunca habría transgredido la regla número uno.

Independientemente de lo que hiciera, cómo lo hiciera o con quién lo hiciera, la regla número uno tenía que estar siempre presente ante todo: nunca te impliques; en el plano afectivo

Pero el había infringido la regla número uno. Menudo lío. Había sospechado lo que ocurriría en el preciso instante en que sus labios tocaron los de Bella. No tuvo dudas cuando vio que le resultaba imposible resistirse a hacer que aquel beso fuese más profundo, por más que supiera que hacerlo no era lo adecuado.

¿Y él se creía inteligente? Sí, ja, ja. Era el menos inteligente del mundo. ¿Experimentado? Sí, pero, ¿de qué le servía la experiencia si cedía a la primera? ¿Refinado? Edward soltó una carcajada; si alguien la hubiese oído, enseguida habría captado el poco humor que había en ella.

Molesto consigo mismo, con la situación y con la vida en general, cruzó los brazos sobre el pecho y masculló una serie de palabras malsonantes como no lo había hecho desde la época del instituto, cuando quería demostrar lo mayor que era. Con una obsesiva obstinación que sólo podía atribuir al hecho de que mantenerse ocupado le impedía recordar el sabor de los labios de Bella, cómo lo había vuelto del revés como un calcetín y lo había puesto boca abajo, empezó su ataque. Ataco una mata de maleza en la orilla del cemento, rompió la flor de diente de león y siguió arrancando matojos de raíz, hasta que consiguió limpiar de plantas silvestres que crecían junto a uno de los bloques de ceniza una zona del tamaño de una almohada. Al terminar, una fina cinta de sudor perlaba su frente y los brazos le dolían. De haber cumplido su propósito, no habría estado mal, pero no había sido así. Con malas hierbas o sin ellas, sudando o sin sudar, no podía olvidar cuánto le había gustado perderse en el ardiente beso de Bella Swan

—¡Maldita sea! — tiró las plantas arrancadas que había amontonado en el capó del Nova. No comprendía cómo algo tan simple como un beso le había hecho perder el control de aquella manera.

Nunca te impliques; en él plano afectivo.

Las palabras resonaron en su cabeza e intentó ahogarlas con los gritos agonizantes de unas cuantas plantas más. Comprometerse en el plano físico, era una cosa, se recordó, mientras tiraba un grueso espécimen al montón de las plantas muertas. Las relaciones físicas se daban por sentado. Cuando una mujer y un hombre sienten atracción mutua, cuando el momento era el oportuno y ninguno de los dos traicionaba la confianza del otro, el contacto físico era inevitable, incluso deseable….Pero lo que había ocurrido dentro de la casa...

Lo que había ocurrido allí dentro distaba tanto del mero contacto físico como la Tierra del agujero negro más cercano. Sí, ciertamente había sentido excitación, para qué negarlo. El beso reunía todos los componentes para ser el preludio de una de esas sesiones sexuales que tan poco abundaban, en las que el planeta giraba más deprisa, las estrellas brillaban con más fuerza y todo iba bien en el mundo. Pero si se hubiese tratado sólo de eso, Edward no habría puesto ningún reparo.

Por desgracia, en esa ocasión, el que todo fuese bien en el mundo tenía un precio, y ese precio había sido la vulnerabilidad, que no le había pasado inadvertida en el beso de Bella. Si hasta entonces no había conocido el núcleo interno de la agente Swan, ahora podría jurar que lo conocía. Por dura que fuese la agente especial, por más refinamiento que hubiese adquirido en sus años en la Gran Manzana, Bella había nacido y se había criado en Nebraska. Era una mujer vinculada aún a todas las tradiciones que él asociaba con los estados conservadores del Medio Oeste: compromiso hasta el final, fidelidad inquebrantable, devoción fuera de lo común. Era una mujer que se entregaría por completo, en la situación oportuna y con el hombre conveniente, pero que exigiría lo mismo a cambio.

—Implicación afectiva —gruñó Edward.

—¿Qué has dicho?

Se volvió sobre sus talones y se encontró con Jasper a unos diez metros de distancia, mirándolo a él y a las hierbas arrancadas, alternativamente, con expresión de incertidumbre.

—Implicación afectiva —repitió Edward, porque le sentaba bien decirlo en voz alta y porque sabía que un tipo como Jasper no sabría a qué se refería—. Gomo las gruesas raíces de una mala hierba. Ya sabes, tú no las ves pero están ahí. Ancladas a la tierra. Y cuando intentas arrancarlas... —Para demostrarlo, tiró de otra planta. Ésta crecía apoyada en el parachoques trasero del Nova y no parecía querer moverse—. Cuando intentas arrancarla, compruebas que... —Edward gruñó y tiró de ella. La mata salió entera, con un sistema de raíces tan complejo como nunca antes lo había visto—. Compruebas que las cosas no son tan sencillas como creías.

Jasper miró la planta y luego estudió a Edward. Sonrio y dijo

—Te refieres a las mujeres.

Edward soltó un largo suspiro. ¡Por lo menos, alguien le comprendía!

—Sí, me refiero a las mujeres. Me refiero a Bel.... —Se dio cuenta de su error e intentó ganar tiempo arrojando otro tallo al montón—. Me refiero a Rosalie —dijo.

—Para mí es un misterio —convino Jasper—. Un verdadero misterio. —Jasper se acercó y apoyó su corpulento físico en lo que quedaba de la puerta del coche—. Sí, un misterio —añadió como si todo el mundo, menos Edward, supiese de qué estaba hablando—. Tal como yo lo veo, eso es lo que nos hace seguir juntos después de tantos años.

—¿En serio? —Cuando su vecino le ofreció una lata de su cerveza favorita, con las gotas de condensación centelleando en el aluminio, Edward la aceptó. Hacía calor y tenía sed y la boca seca debido al ejercicio que había hecho arrancando matojos; y también debido a la idea de tener que vérselas con Bella. Hacía calor y, minutos antes, cuando su boca había estado en la de ella y su único pensamiento fue el deseo que gritaba por sus venas, había sentido mucho más calor. Necesitaba algo frío, aunque el frío le llegase en una lata de color verde.

—Pues si es eso lo que ocurre... — Se llevó la cerveza a la nuca y esperó a que su temperatura bajase un par de grados—. Si tiene que ser de ese modo, ¿por qué me hace sentir como un imbécil? Todo va bien y justo al minuto siguiente...

—Al minuto siguiente te sientes como si te hubieran dado un sopapo y te encontraras en medio de algún país salvaje donde el único que habla español eres tú.

—¡Exacto! —Jasper lo había descrito tan bien que Edward asintió con vehemencia—. ¡Tú lo has dicho! Yo hablo español, digo cosas razonables y, a veces, ella también las dice. Pero otras veces... —Sacudió la cabeza y apuró la cerveza. El sabor amargo le ayudó a enjugar la dulzura de los labios de Bella que, en ese instante, era justo lo que necesitaba—. Otras veces, no sé. A veces creo que soy yo quien necesita lecciones de romanticismo.

—¡Ésa sí que es buena! —Jasper le dio una palmada tan fuerte en el hombro que Edward dio un respingo—. Y me alegra que hayas sacado a relucir el tema, colega, porque de eso precisamente venía a hablarte. Y para asegurarme de que esa mujer mía no os está volviendo locos. Como te andaba diciendo, de lo que venía a hablar contigo era, precisamente, de romanticismo. En nuestra vida no hay nada de romanticismo y por lo que parece, ustedes también se estan quedando secos. Pero no te preocupes. Esta mañana, sentado en la iglesia, se me ocurrió algo que creo que puede ayudarnos a los dos. —Se irguió y echó la cabeza hacia atrás como un niño al que el profesor le hubiese hecho una pregunta en clase—. Salir a cenar. Salir a cenar juntos.

Por más que se negase a admitirlo, Edward pensó que Jasper se llevaba algo entre manos.

—Sí, cenar fuera —repitió, como si decir esas palabras fuera lo más apropiado.

—Perfecto, Jazz —murmuró—. De veras perfecto. Flores, iluminación a base de velas. Tal vez un poco de música. Sí. —Edward sonrió, más a gusto con el mundo y con el lugar que ocupaba en él—. Con eso volverá a ser razonable, verá que yo no soy sólo un jovencito megalómano. Tengo un lado sensible, un lado romántico.

—Justo lo que estaba pensando —dijo Jasper, y añadió—: Bueno, eso de la megalo no se qué, eso no lo he pensado porque no sé qué quiere decir. —Le hizo un guiño cargado de significado—. Y mientras tú ejercitas tu magia con Rose, yo estaré allí mirando y haciendo lo mismo con Alice. ¿Recuerdas, Emmett que en la cena ibas a enseñarme qué hacer para que Alice pensara que soy un romántico? Pues lo cierto es que Rose y tú no estuvieron demasiado románticos. De hecho Rose te evitó toda la noche como si fueras un perro apestoso que huye cuando quieren bañarlo. Y tú, lo único que hiciste fue mirarla como si temieses que fuera a morderte. Pensé que te llevabas algo entre manos, alguna cosa de esas que salen en las películas francesas. Pero, al volver a casa, practiqué esa mirada con Alice y, ¿sabes una cosa? Mi mujer estuvo a punto de arrancarme la cabeza.

—Es lo que antes decía. Con las mujeres nunca se sabe —murmuró.

—Pues yo sé una cosa. —Como un mago que saca un conejo de su chistera, Jasper metió la mano en el bolsillo de sus vaqueros manchados de grasa y extrajo cuatro rectángulos de papel—. ¡Los ojos de mi Ali se iluminarán cuando vean esto! —Sacudió los papelillos ante las narices de Edward.

—Parecen entradas para... —No veía bien lo que había escrito en ellos.

—¡Exacto! Son entradas para la cena de cerdo y chucrut en el salón Jan Sobieski de los Caballeros de Colón. Las he recogido esta mañana en la iglesia.

El sueño relativo a una cena a la luz de las velas, con música romántica y flores se hizo pedazos en su cabeza.

—Pero...

—No hay peros que valgan. Invito yo. —Jasper dio unas palmadas sobre su bolsillo—. El próximo sábado, y no olvides que es una celebración especial. Hay que ir bien vestidos. —Cruzó la calle, probablemente en busca de otra cerveza, pero antes echó una ojeada al descuidado jardín y dijo—: Ya sabes que Tyler, el de la esquina, tiene máquinas cortacésped.

Edward asintió como si eso significara algo o como si le importase. Se volvió hacia la calle para contemplar cómo Jasper se alejaba, e incluso de espaldas a la ventana notó cómo la fría y acerada mirada de Bella lo atravesaba. Tensó los hombros y decidió no volverse para devolverle la mirada. Soportaba el frío, no quería que ella pensase que no lo aguantaba. Era el calor lo que le traía problemas. Eso y la incómoda sensación que le provocó el no saber si quería ver ese calor reflejado en los ojos de Bella o no.

Edward se agachó para arrancar otra mata. Al hacerlo, se le clavó en el muslo algo que llevaba en el bolsillo. Le dio unas palmadas. Se acordó del paquete de condones y por primera vez en lo que le parecía una eternidad, un sentimiento cercano a la esperanza le levantó el ánimo. Un par de semanas más tarde, el cargo de la tarjeta llegaría a la mesa de Seth, asi Seth vería que había hecho una compra, se fijaría en el lugar en que ésta se había realizado y el plan que habían trazado juntos hacía años se pondría en marcha.

Si Edward se encontraba alguna vez en peligro, utilizaría la tarjeta de crédito de la empresa. De ese modo, cuando el comprobante de la compra llegase al escritorio de Seth, sabría dónde encontrarlo. Entonces pasarían a la siguiente fase: Edward empezaría a ojear las columnas de los anuncios clasificados de los periódicos. Allí encontraría un mensaje de su amigo para él.

A Edward, el plan siempre le había parecido, cuando menos, imaginativo. En esos momentos, agradecía el disponer de él. Cuanto antes Seth lo encontrara y lo rescatase, mejor para él. De ese modo, lo salvaría de Bella. Y de sí mismo.

**********************

Había pasado casi una semana, Bella sabía que tendría que haber olvidado el beso. Tendría que haberse convertido en el recuerdo mortecino de un pasado distante, como las tareas del colegio. En cambio, el recuerdo del beso la seguía a todas partes como un fantasma. Cuando estaba sola, golpeaba con suavidad en lo más recóndito de su mente, malicioso y efervescente como un fenómeno paranormal cada vez que Edward se encontraba a menos de diez metros, lo cual, teniendo en cuenta el tamaño de la casa, era muy a menudo.

Bella terminó de secarse el cabello con una toalla e hizo una mueca ante el espejo del cuarto de baño. Se peinó y se repitió lo que llevaba diciéndose toda la semana: el beso había sido parte de una representación teatral. Sólo una pieza más del elaborado plan de clandestinidad que debía hacer creer a la gente que Emmett y Rosalie eran marido y mujer. Edward nunca la habría besado de no haberse visto obligado a ello por las peticiones de Alice. Ni por mil millones de dólares o en el caso de Edward, ni por otros mil millones de dólares. Sí, pero el hombre también se las traía: le gustaba excitarla, tentarla, y a buen seguro disfrutaría hablando de cómo Bella había dejado escapar la oportunidad de su vida al negarse a la generosa oferta de acostarse con él.

Sin embargo, aunque sabía que sexo ardiente era lo único que Edward tenía en mente como cuestión primera y principal, algo le decía que el beso que habían intercambiado no formaba parte de aquella ecuación. Fue ardiente, sí, pero fue algo más que eso. Fue una especie de ventana directa al alma del playboy americano Edward Cullen, al modo en que seguramente se mostraría ante el mundo si no protegiese siempre sus sentimientos para que nadie pudiera acceder a ellos. En el momento del beso su guardia estaba baja, muy baja, y Bella intuía que el mero hecho de haberse permitido que algo así tuviera lugar le había sorprendido más a él que a ella.

Eso explicaría su comportamiento durante la última semana. La había evitado siempre que había podido, llegando incluso a pasar las horas muertas en el jardín, arrancando malas hierbas.

Se secó el cabello. El zumbido constante del secador en los oídos la ayudó a sofocar sus pensamientos y lo agradeció. En lugar de obsesionarse con el pasado, sabía que lo que tenía que hacer era concentrarse en el futuro. El futuro inmediato. Jasper y Alice pasarían a recogerlos en poco menos de una hora y, al menos por aquella noche, sabía que tendría que preocuparse por algo más que el hecho de que Edward fuese el hombre que mejor besaba que ella había tenido jamás la desgracia de encontrar

Pero si pensaba en la cena se podia concentrar en otra cosa Tal vez si se centraba en la seguridad de Edward, no pensaría en cómo le habían temblado las rodillas durante el beso, en cómo sus entrañas se habían derretido como si de una fusión nuclear se tratase. Quizá no recordaría el modo en que la boca de el se había movido sobre sus labios, incitándola a abrirlos para poder hacer más profundo el beso. O talvez en la forma humeda en que sintió su lengua intentar abrirse paso para luego retroceder

Tal vez.

Bella apagó el secador pero el zumbido no se detuvo. Miró el aparato, pero antes incluso de llegar a verlo supo que el ruido procedía del exterior, del jardín delantero de la casa. Había dejado a Edward en la sala y éste le había prometido, como hacía todos los días desde su fuga al supermercado, que no se movería ni un centímetro mientras se duchaba.

-Un cortacésped? —dijo Bella en voz alta, a modo de pura conjetura, y estaba en lo cierto. Se puso las bragas lo más rápido que pudo y también el sujetador. Metió los pies descalzos en unas zapatillas y después la bata amarilla, que terminó de abrochar mientras bajaba las escaleras.

Un vistazo a la sala le confirmó que la idea de Edward de no moverse ni un centímetro era diametralmente opuesta a la suya. No se le veía por ningún lado, llego hasta la puerta de la casa esperando no ver nada…espero ver que el se iba en una limusina blanca riéndose de ella en su cara. En cambio, lo que vio la dejó paralizada.
Se detuvo en lo alto de las escaleras, vagamente consciente de que el viento alzaba los bajos de su bata de baño y de que se había quedado boquiabierta. Intentó cerrarla, pero no pudo hacerlo. No podía apartar la vista de Edward.

El, que aún no había advertido su presencia, caminaba de un lado al otro del pequeño jardín siguiendo un complicado trazado que lo llevó junto al coche. Se había quitado la camisa y los vaqueros le colgaban alrededor de las caderas. Había una cinta de sudor en su pecho que hacía brillar su cuerpo bajo la luz del atardecer, con aquella especie de atlética energía animal patente en cada uno de sus pasos.

Pero no fue ese descubrimiento lo que la dejó sin aliento e inmóvil. Fue ver que Cullen, playboy multimillonario, magnate de las finanzas y niño mimado, estaba cortando el césped del jardín.
Bajo la atenta mirada de Bella, Edward terminó el último pase. Apagó el motor y la vio en el porche.

—¿Qué te parece? —dijo, como si de un rey admirando sus dominios se tratase. Retrocedió un paso y movió el brazo para abarcar todo el escenario—. Ha quedado bonito, ¿verdad?

—Bonito —dijo Bella. Miró a Edward, miró el jardín, miró el destartalado cortacésped y se asombró de que hubiese llegado a limpiar tanto—. ¿De dónde...?

—Es de Tayler, recuerdas? El que vive cerca de la iglesia, encima de la carnicería. —Edward sacó un trapo del bolsillo trasero, se secó la frente y las manos y luego volvió a guardarlo—. Los compra de segunda mano y los arregla. Tomé quince dólares del dinero de la compra y Jasper me lo trajo. Espero que no te importe.

—No... Yo... —Bella miró a su alrededor para asegurarse de que no era fruto de su imaginación. Luego, sacudió la cabeza para poner en orden sus ideas—. Pero, ¿por qué?

—Porque era necesario. —Se dejó caer en el primer escalón y le sonrió—. He hecho un buen trabajo, ¿no crees?

Bella miró el césped que rodeaba el perímetro de la casa para comprobar que la hierba había sido cortada al ras. Miró el árbol y vio que se le había desprendido un pedazo de corteza. Miró hacia el coche, bajo el cual, se había intentado sin éxito cortar las hierbas, y decidió que los resultados eran cuestionables.

—¿Es la primera vez que cortas el césped?

—Por supuesto. ¿Qué te has creído? —Como un padre orgulloso que sonríe a un hijo no demasiado agraciado, inteligente o bien educado, Edward echó un vistazo al jardín—. En mi casa lo hacen siempre los del servicio, pero he pensado que no tenía que ser tan difícil. Y no lo es. Ha quedado maravilloso, ¿no te parece?
Bella habría llegado a aceptar «bonito», pero «maravilloso» era una exageración.

—Se está haciendo tarde —dijo, evitando la pregunta.
En esa ocasión fue él quien no replicó. La miró fijamente y empezó a formarse una sonrisa en sus labios.

—Bragas de algodón —dijo.

—¿Qué demonios...? —Bella advirtió demasiado tarde que la brisa seguía alzándole la bata amarilla y que Edward, sentado más abajo, tenía una perfecta panorámica de lo que se escondía debajo de esa prenda. Al mismo tiempo, dio las gracias a sus estrellas de la suerte por haber sido lo bastante lista como para ponerse algo antes de salir del baño. Sin mediar palabra, se volvió y entró en la casa.

—Alice dice que aún no es demasiado tarde para plantar petunias —dijo Edward a sus espaldas, entrando también en la casa; al parecer, ya había olvidado la ropa interior de Bella a cambio de su repentino fervor por la jardinería—. Dice que junto a las escaleras, las caléndulas quedarían muy bien y que... —Mientras ascendía las escaleras para dirigirse a la ducha, seguía hablando de flores.

Bella todavía temblaba debido a la mezcla de calor abrasador y fría ansiedad que retumbaba en su interior. La misma mezcla que había comenzado como un lento tirón en el estómago en el momento en que había advertido que Edward estaba mirando sus bragas blancas de algodón.

N/A: Habra Coments!?
Espero que si. Besos y muchas gracias a todas!
LAS QUIEROOOOOO
NENY W CULLEN
PD: Lucas, te quiero...mucho!

11 comentarios:

Anónimo dijo...

hola nenys, la cosa se esta poniendo calentita, haber cuando estos dos se deciden, a lo mejor después de una cena...quien sabe, jajaja
besos
P.D. estoy como loca por leer el proximo

Beth dijo...

No he podido resistirme de leerlo antes de ir a trabajar.
Lo que hay que hacer para quitarse a alguien de la cabeza: hablar de petunias. vaya forma de distraer la mente.
Si resultará qeu el superplayboy va a tener corazoncito y todo
Me voy corriendo, pero no quería irme sin decirte que me ha encantado.
Besos.Chao, chao.

♥yuri♥ dijo...

HOLAA NENY LINDA MUASSKK ME ALEGRO QUE ESTES BIEN Y DENTRO DE LO QUE CABE TU MAMI :)

ME ENCANTO EL CAPI YA QUIEROOOO EL SIGUIENTE JIJIJIJI
MUASSSKKK
CIDATE NNA

loka cullen dijo...

me a encantado cuando dijeron lo k te paso lo primero k pense fue k chasco cn el fic aunke tmbn staba preocupada pero electrica dise k fui insensible y tiene rason lo siento la verdad es k estoy muxo mas trankila sabiendo k ya sten bien y ojala k no se vuelvan a pegar este susto de nuevo perdon pero es k soy adicta a tus istorias un beso

Electrica Cullen Black dijo...

"—Bragas de algodón —dijo.

—¿Qué demonios...? —Bella advirtió demasiado tarde que la brisa seguía alzándole la bata amarilla y que Edward, sentado más abajo, tenía una perfecta panorámica de lo que se escondía debajo de esa prenda. Al mismo tiempo, dio las gracias a sus estrellas de la suerte por haber sido lo bastante lista como para ponerse algo antes de salir del baño. Sin mediar palabra, se volvió y entró en la casa.

—Alice dice que aún no es demasiado tarde para plantar petunias —dijo Edward a sus espaldas, entrando también en la casa; al parecer, ya había olvidado la ropa interior de Bella a cambio de su repentino fervor por la jardinería—. Dice que junto a las escaleras, las caléndulas quedarían muy bien y que... —Mientras ascendía las escaleras para dirigirse a la ducha, seguía hablando de flores.

Bella todavía temblaba debido a la mezcla de calor abrasador y fría ansiedad que retumbaba en su interior. La misma mezcla que había comenzado como un lento tirón en el estómago en el momento en que había advertido que Edward estaba mirando sus bragas blancas de algodón"

Me gusta mucho esta parte cariño... sip el playboy se cayó con todo el equipo... resulta que tiene su corazoncito y todo... hay que ver de lo que es uno capaz por elamor o por huir de él cuando lo creemos imposible... (suspiro... yo por ejemplo sigo tu consejo y en vez en flores pienso tus palabras mágicas "solamente es un amigo... un buen amigo"). Me sorprendió mucho ver este capi esta mañana... pero no pude leerlo hasta ahora... me alegra que estubiesen tan bien como para publicar.
Saludame a Aby y a Luke...(me pregunto si tiene un caballo blanco o quizá un volvo plateado... jajaja)lo que si sé es que te adora.
Besos de tu Ele.

romina dijo...

ooooo!!!!!
que capi!!! jajaj... me ha encantado...
estuvo muy bueno... mori de la risa con el... "bragas de algodón? jajjaj... también pense que no publicarias pero eres un claro ejemplo del dicho "la función debe continuar" genial neny a!!! y te agrege a msn... pensaba agregarte desde como hace una semana, pero siempre me pasaba algo ¬¬ pero ya está, te envié la invitación =) bueno besotes y nos leemos pronto

Anónimo dijo...

Qe Bueno qe estes bien! Lindo cap! Bsos Erii!!=)

Anónimo dijo...

El capitulo esta muy bien. El lemmon ya llegara jeje
Me alegro mucho que ya estes bien y las cosas se hayan normalixzado un poco. Me asuste cuando lei lo que te paso. Siento no haberte podido dejar antes ningun mensaje, pero no he podido.
Bueno, lo primero y mas importante es que tu mamá y tu esteis bien.
Me alegro ^^
Besos
Bárbara

elizabeth dijo...

olaa me encanta tu blog
keria saber cuando vas a subir un nuevo capitulo de hagamos que funcione, ya ke me encanto los 10 paso y ya kiero leer la segunda parte.
y el ke estava genial fue el caliente vagon del encuentro
ese estava maravilloso
cuidate
xauuuuu

Anónimo dijo...

Amorcito linda, sabes que tambien te amo...
Puxa! no tengo twitter pero ahora quue la peque se ha vuelto tecnologica voy a verme en la obligacion de hacerme uno ^^
jajjaja
Te amo D..."NENY de Luke"
Lucas

..//((^aLexcullen^))//::.. dijo...

hayyyyyy neny te adoro en verdad pequeña mente diabolica ke tienes demonios hayyyyyy encerio esta fantastico el cap de verdad pero yaaa no seas asi como ke la tencion esta ahi y nada de nada y otra cosa ke demonios le paso a Edward el niño mimado podando el cesped?? algo cambio con ese beso ya kiero saberloooo en fin tendre pasiencia y uyyyyyy felicidades por lo de Lucas uyyyy jajaja cuidate nena bay

Afilianos ^^

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